La Sala de Juntas Principal de Blackwood Sterling, ese templo de mármol y ambición en Washington D.C., era ahora el escenario de una guerra campal. La reunión extraordinaria forzada por Alexander y sus aliados había comenzado sin él, y el aire era tan espeso que el oxígeno parecía insuficiente.
Julian Reed, sentado solo en la cabecera de la mesa, su rostro hinchado por el pómulo magullado que Alexander le había regalado semanas atrás, era un hombre acorralado. La compostura que tanto había cult