Ese sábado, Maribel se despertó con una calma extraña en el pecho. No era felicidad, exactamente. Era una especie de alivio. De descanso emocional. El encuentro con Rodrigo la noche anterior había sido… fácil. Cómodo. Natural. No había exigencias, expectativas ni tensión. Solo dos personas conversando como si el mundo fuera menos complejo por un rato.
Recordar eso le arrancó una sonrisa. Se estiró en la cama, se preparó café, y mientras acomodaba sus notas para revisar su contrato de trabajo —q