El telón del ballet cayó con una ovación cerrada. Maribel se puso de pie junto a Rodrigo, aplaudiendo con elegancia, aunque su mente aún divagaba entre los recuerdos y los logros recientes. Aquel era un momento para disfrutar, y lo estaba intentando. De verdad.
Al salir al vestíbulo, aún envueltos en la atmósfera mágica del espectáculo, la realidad la golpeó de nuevo. Frente a ellos, como si el universo no pudiera resistirse al drama, estaban Lourdes y Leonardo.
Sonreían. Cómodos. Radiantes.
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