Maribel no durmió esa noche.
Se acostó con la intención de descansar, pero cada vez que cerraba los ojos, la escena en el restaurante se repetía como una película cruel: el rostro de Pedro Juan al ver la revista, su mentira descarada, su propuesta vacía… y su propio corazón sintiéndose traicionado una vez más.
Había prometido no volver a ser vulnerable.
Y aunque la herida estaba abierta, no iba a dejar que sangrara por días. Se permitió llorar en silencio una sola vez, tumbada en el sofá, con l