Pedro Juan tomó la copa de champaña con una sonrisa brillante. Su mirada irradiaba confianza, incluso ternura. No tenía idea.
—Claro que cuidaré tu corazón, Maribel —dijo con voz grave, tomándole las manos otra vez—. Jamás te traicionaría. Lo último que quiero es lastimarte. Nunca lo haría.
Maribel lo miraba, sin parpadear, su expresión serena, sus labios curvados en una sonrisa dulce… pero en sus ojos comenzaba a encenderse una chispa peligrosa.
—Eso quería escuchar —dijo ella, retirando lenta