El viernes amaneció con un cielo claro y promesas en el aire. Maribel despertó temprano, aún con la sonrisa grabada en el rostro por lo ocurrido la noche anterior. No sabía qué significaba exactamente la confesión de Pedro Juan, pero lo había dicho con convicción. Quería una relación. Con ella. Eso, al menos, era un comienzo.
La idea de verse con él el sábado por la noche revoloteaba por su mente como mariposas nerviosas. No era solo una cita. Era una oportunidad para decidir si quería abrirle