—¿De verdad? —susurró Livana sin poder creer lo que Isadora le decía.
Su ceño estaba fruncido mientras que Isadora le sonreía como una mamá orgullosa.
—No estés tan sorprendida.
Te lo mereces.
Hiciste un trabajo estupendo con Angus y además ayudaste a otros heridos.
—Lo sé, pero no buscaba nada a cambio por hacerlo.
Además, lo que verdaderamente me sorprende es que el Áyax Valerio me devolviera el título de curandera y quiera pagarme un sueldo por ello.
Isadora apretó su brazo de manera cariños