Unos días después Livana se sorprendió gratamente de los regalos que le habían dado Andrea y sus hijas por ayudarla con el Áyax.
Por más que ella le había dicho que no había tenido que ver con la decisión de Valerio al ayudarlas ellas seguían agradeciéndole.
—Me encantan los perfumes, Andrea.
La mujer le sonrió agradecida.
—El Áyax financió nuestra perfumería.
Estuvimos a punto de perderla después de la muerte de mi marido pero el Áyax ha sido tan amable que quise hacerle un perfume exclusivo.