Después de dos largos días, Lorenzo regresó a la finca, esta no era nada de lo que él recordaba, los campos olían a carbón, el verde había desaparecido, los jardines y la piscina eran un basurero.
En su mente solo existía la imagen de lo que ya no estaba, sabía que Santiago y que Blake estaban ilesos, pero no imaginaba encontrarse con un escenario tan deplorable como el que sus ojos presenciaban en ese instante.
Subió por la escaleras de la entrada, llegó al descanso, echó un vistazo y siguió subiendo hasta llegar a la puerta que un par de hombres reparaban, varios hombres más trabajan tan rápido como podían hacerlo, limpiando los pisos, resanando los muros, tirando todo aquello que no tenía reparación, un camión se llenaba con todo el escombro y la basura que el altercado había dejado a su paso.
La guerra ya no existía más, pero el impacto de lo que sus ojos veían, se quedaba poco a poco incrustado con más y más fuerza, en el pecho del pequeño Tattaglia.
Miró las escaleras en el