Lorenzo era un joven tímido, y ciertamente con la visión del mundo muy estrecha, por el contrario, Cala era una mujer de mundo, llena de habilidades y de experiencias que la convertian en el alterego de Lorenzo.
Con una postura firme y de mejor presencia, su buena cuna se notaba desde la forma de caminar o de hablar.
Lorenzo por su parte era atractivo, y retraído y aunque eso lo hacía especial, le daba a Cala la seguridad para enfrentar sus puntos de vista con ferocidad.
—Bueno, aqui termina mi trabajo, volveré a Italia, y aunque se que no lo crees, siento que te voy a extrañar, debo confesarte que después de ver como devoraste la biblioteca de mi hermano, comencé a hacer lo mismo, cada libro que tu leíste, lo hice yo también y tu gusto es el mejor, no puedo creer que Blake tenga tan buenos libros en ese lugar, yo siempre pensé que eran parte de la decoración —explico con una voz relajada, como si hablara con una amiga de toda la vida.
—Lorenzo, esto puede ser muy estúpido, pero t