Lo había intentado, días después de aquel evento extraordinario en su vida, donde varios hombres a su servicio perdieron la vida, este buscó el alivio, fue a aquel casino que le pertenecía, un poco de licor, habanos y la sala privada, parecía un buen inicio, dos mujeres una pelinegra y otra rubia, entraron con diminutas prendas que dejaban poco a la imaginación. Blake sentado en el sofá, observando todo y a todos desde lo alto del lugar, con la camisa desabotonada, dio un trago largo, y les ordenó con apenas un movimiento en sus ojos que ambas mujeres se desnudaran.
Cuando estuvieron tan cerca, con los senos expuestos y los coños palpitantes, este supo que algo había ocurrido dentro de él, no estaba excitado, sentía náuseas de imaginar la idea de tocar otra piel, de besar otros labios, incluso le aborreció la idea de penetrar a alguna otra mujer.
Desde ese instante supo que Cala, se había metido en su piel, y en sus pensamientos.
Con el tiempo se había convertido en alguien gruñón,