Las historias parecían llegar a su fin, Antonio Toscano, el verdadero verdugo de Cala Bennett estaba muerto, el hombre que había hecho trizas la vida perfecta de Cala, yacía bajo tierra, una frente de paz era lo que cualquiera esperaba.
Y aunque solo se había logrado con la sangre, era justa y real, ya nadie dirigía la vida de Cala, nadie había tomado por su cuenta la suerte de aquella joven risueña que con el tiempo apagaba su sonrisa, ya no estaba Antonio.
Estela, miraba la tumba de su hijo, con los ojos sumidos, sin maquillaje, las ojeras tan grandes como sus mejillas que le recordaban la vida dura y los años de dolor que con lágrimas se habían desvanecido.
Todas esas gotas saladas habían perdido su intención, en silencio, con el viento ondeando su cabello plateado, se despedía de Antonio Toscano, su único heredero.
Desde que su hijo nació supo que ese día llegaría, perder a Antonio frente a sus ojos lo hacía aún más doloroso, de todas las veces que su mente había traicionado sus