—Prometelo —le pedí con urgencia, sujetando su rostro con ambas manos. Ya había anochecido, nos hallabamos en la habitación, a solas.
En la habitación contigua, conectada a la nuestra por una puerta, dormía Emily.
Jonathan se sentó en la cama y me subió a su regazo.
—Por favor... —mi voz se volvió suplicante.
Mi mirada era intensa, urgente, necesitada de su respuesta. Sabía bien que podía confiar en él, que Jonathan haría lo que fuera necesario para que Emily y yo viviesemos seguras. En el pas