Leonardo
La mansión Santoro se alzaba imponente bajo el cielo gris de aquella tarde. Leonardo observaba a través del ventanal de su despacho cómo las nubes se arremolinaban, presagiando una tormenta que parecía reflejar perfectamente la tempestad que se agitaba en su interior. El whisky en su vaso apenas había sido tocado, pero lo sostenía con fuerza, como si fuera un ancla a la realidad.
El sonido de tacones sobre el mármol lo sacó de su ensimismamiento. No necesitaba girarse para saber quién