Leonardo
El silencio de mi despacho me asfixiaba. Llevaba horas mirando la misma página de un contrato sin leer una sola palabra. Mi mente estaba en otro lugar, con ella. Con Luna.
Apreté el puente de mi nariz y cerré los ojos. El recuerdo de su rostro, de sus ojos heridos cuando descubrió la verdad, me perseguía como un fantasma. Yo, Leonardo Santoro, el hombre que había construido un imperio con sus propias manos, me sentía completamente impotente.
—Señor Santoro —la voz de mi asistente inter