Leonardo
El cristal del vaso se quebró entre mis dedos. No fue por la presión de mi mano, sino por el impacto de la bala que rozó el borde antes de incrustarse en la pared detrás de mí. El whisky se derramó sobre mi camisa mientras me lanzaba al suelo, buscando cobertura detrás del sofá de mi despacho.
Tres disparos más atravesaron el ventanal. Los fragmentos de vidrio llovieron sobre la alfombra persa que había comprado en Dubai el año pasado. Qué ironía. Siempre pensé que moriría en una sala