Luna
El sol se filtraba por las cortinas de seda cuando Luna abrió los ojos. Habían pasado tres semanas desde el incidente, y su cuerpo ya no dolía como antes. Las marcas en sus muñecas habían desaparecido casi por completo, pero las cicatrices invisibles permanecían ahí, recordándole lo vulnerable que había sido.
Se incorporó lentamente en la cama y observó la habitación que Leonardo había insistido en redecorar para ella. Todo era nuevo: las cortinas, los muebles, incluso el colchón. Como si