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CAPÍTULO 10- ¿TANTA PRISA TIENES POR LARGARTE CON OTRA PERSONA?

CAPÍTULO 10- ¿TANTA PRISA TIENES POR LARGARTE CON OTRA PERSONA?

El semáforo cambió a rojo y Julian frenó de golpe.

Chloe ni siquiera levantó la vista del celular; sus dedos se deslizaban por la pantalla con movimientos mecánicos, aunque cualquier persona notaría que sus ojos ni siquiera se movían.

No estaba leyendo de verdad. Solo quería evitarlo a toda costa.

―¿Cuándo es la entrevista final? ―preguntó él de la nada, rompiendo el silencio.

Chloe alzó la mirada, un poco sorprendida por el atrevimiento, pero enseguida se puso seria otra vez.

―Ya pasó. Acepté la oferta esta tarde.

Julian frunció el ceño con disgusto.

―¿Sin consultarme antes?

Chloe lo miró otra vez a través del espejo retrovisor, con una chispa fría en los ojos.

―¿Por qué rayos tendría que consultarte algo? Tú nunca me consultaste nada, Julian. Ni cuando salías a cenar con esas modelos, ni con empresarias, ni con las médicas...  Mucho menos cuando decidiste que nuestro matrimonio no iba a ser más que un tonto papel firmado.

El semáforo cambió a verde, pero Julian no se movió ni un centímetro.

Se quedó ahí, mirándola fijo por el espejo.

Detrás de ellos, un auto tocó la bocina con furia.

Luego otro se sumó al ruido.

Julian tensó la mandíbula hasta que le dolió y pisó el acelerador a fondo, haciendo que las llantas chirriaran sobre el asfalto.

―Eso es diferente ―soltó después de avanzar unos metros.

―¿Diferente? ―Chloe soltó una risa seca, sin una pizca de gracia―. Claro que lo es. Porque cuando tú tomas decisiones a tus anchas, es tu derecho como hombre. Pero cuando lo hago yo, te parece una falta de respeto. Qué machista de tu parte, Julian.

Él no contestó nada. Y no porque no quisiera, sino porque en el fondo sabía que ella tenía toda la maldita razón, y eso lo ponía de malas más que cualquier otra cosa.

El resto del viaje transcurrió en medio de un silencio cortante.

Julian manejó más rápido de la cuenta, tomando las curvas con una agresividad apenas contenida; sin embargo, Chloe ni se inmutó en el asiento trasero.

Simplemente volvió la vista a su teléfono, aunque esta vez Julian logró ver de reojo el leve temblor en sus manos, cuando por fin llegaron a la mansión, el frenó de golpe frente a la entrada y ella abrió la puerta por su cuenta y bajó del auto sin esperarlo ni un segundo.

Julian se quedó sentado al volante, viéndola irse, la luz cálida del porche iluminaba su silueta mientras subía los escalones: se veía derecha, con una dignidad intacta y, por primera vez, totalmente inalcanzable para él.

Sonrió para sus adentros, dándose cuenta de una gran verdad: Julian Kingston en realidad no tenía idea de quién era la mujer que tenía por esposa.

Apenas Chloe cruzó la puerta, Evelyn la recibió con los brazos abiertos y una gran sonrisa.

―¡Chloe, querida! Qué bueno que al fin llegas. Te preparé algo de cenar.

―Muchas gracias, señora...

Evelyn la atendió con un cariño inmenso, pasando por completo de su propio hijo, quien, por su parte, ni se dio por aludido. Caminó con paso firme hacia el comedor, arrastró una silla y se sentó mientras el personal de servicio empezaba a servir los platos.

Su madre se acomodó enseguida al lado de su nuera.

―Oye, querida, me voy a quedar aquí unos días. Supongo que no te molesta, ¿verdad?

Chloe dejó los cubiertos a un lado y dio un sorbo a su vaso de jugo.

―Claro que no, puede quedarse todo el tiempo que desee.

Y es que, a pesar de los líos con Julian, Chloe siempre se había llevado bien con los papás de él. Era quizás la única parte que se salvaba de ese matrimonio: Evelyn y Agustín siempre la habían tratado con afecto genuino.

Al escuchar su respuesta, la cara de Evelyn se iluminó feliz. Luego, al voltear a ver a Julian y notar su cara de pocos amigos, le lanzó una advertencia directa.

―Y ni se te ocurra ponerme esa cara, Julian. Tu opinión aquí no cuenta. ―Tomó un trago de agua y siguió―: Te lo advierto: a partir de hoy, en cuanto termines de trabajar en la oficina, te vienes derecho para la casa. Nada de andar de fiesta por ahí.

Aunque Evelyn había dicho que solo iba de visita, la verdad es que tenía un plan muy claro en la cabeza: quería salvar a toda costa el matrimonio de su hijo.

Desde que su esposo le avisó que Chloe quería el divorcio —y las graves consecuencias económicas y sociales que eso traería para la familia—, ambos decidieron que no iban a permitirlo bajo ningún concepto.

Por eso se había instalado allí, con la firme idea de quedarse hasta asegurarse de que Chloe saliera embarazada.

Un hijo.

Evelyn sabía muy bien que un bebé cambiaría todas las prioridades de Chloe.

Y una vez que tuviera un hijo en el vientre, dejar a Julian se volvería una misión casi imposible.

Al escuchar las órdenes de su madre, Julian levantó la vista con una fría hostilidad.

―No te metas en lo que no te importa, mamá.

―¡Claro que me meto! Ningún hombre de bien se la pasa en la calle a altas horas de la noche cuando tiene a su esposa esperándolo en casa. Así que no me pongas pretextos y regresa temprano ―sentenció ella con el tono autoritario de cuando él era un niño.

Julian soltó una carcajada cargada de sarcasmo.

―¿Desde cuándo te crees con derecho a decirme cómo vivir? Si tanto te molesta mi estilo de vida, la puerta de la calle está abierta.

Evelyn apretó los labios con coraje, pero no se dejó intimidar por el tono de su hijo; Julian siempre había sido un rebelde terco desde la adolescencia.

―Cuidadito con el tono que usas conmigo, que no se te olvide que sigo siendo tu madre.

Viendo que la pelea no iba a llevar a ninguna parte, Julian prefirió callarse y seguir comiendo. Al fin y al cabo, sabía que en cuanto pusiera un pie fuera de esa casa, nadie iba a poder controlarlo.

Por su parte, Chloe observaba la discusión en completo silencio. Eso le confirmó lo que ya sabía: tenía que apurar el trámite del divorcio cuanto antes. Si seguía viviendo bajo el mismo techo, la presión y los enredos de la familia solo iban a empeorar las cosas.

Al terminar de cenar, los tres pasaron un rato en la sala para mantener las formas ante Evelyn, hasta que ella misma les mandó a la habitación, escoltándolos casi de la mano hasta la puerta antes de irse a descansar a su cuarto de huéspedes.

En cuanto la puerta se cerró a sus espaldas, Julian se quitó el saco con fastidio y lo tiró al sillón, se aflojó las mangas de la camisa y, justo en ese segundo, su teléfono comenzó a vibrar en el bolsillo.

Sin pensarlo mucho, caminó hacia el gran ventanal que daba al jardín oscuro y respondió con una voz inusualmente suave.

―Hola... Sí, mi madre está aquí de visita, así que hoy no podré ir... No te preocupes, te marco mañana temprano a primera hora... De acuerdo, descansa tú también... que pases buena noche.

Hablaba con una ternura y una calma que Chloe jamás le había escuchado en tres años.

O al menos, nunca dirigida hacia ella.

A Julian pareció importarle muy poco que su esposa estuviera ahí mismo, escuchando cada una de sus palabras con total claridad.

Al colgar la llamada, volvió a pasos lentos hacia la mesa de centro y dejó el aparato encima, mientras Chloe se sentía sumamente incómoda de seguir en esa misma habitación, pero salir de ahí significaba cruzarse con Evelyn, y su suegra era de las que no se rendían fácil cuando se ponía necia.

Mientras siguiera metida en esa casa, su vida iba a ser un infierno.

Así que, armándose de valor, decidió poner las cartas sobre la mesa. Miró a Julian, que ya estaba sentado frente a la computadora revisando unos correos.

―Estuve averiguando... los trámites de divorcio ahora son más rápidos si las dos partes están de acuerdo y no hay tantas trabas. Quizás podríamos hablar con tus abogados para presionar un poco y...

Al oírla hablar de separación otra vez, Julian detuvo sus dedos sobre el teclado. Levantó la vista despacio y la clavó en ella. Tras observarla en silencio durante unos segundos que se sintieron eternos, se le dibujó una sonrisa cínica y torcida en los labios.

―¿Tanta prisa tienes por largarte con otra persona? A ver... dime la verdad. ¿Acaso ya hay alguien más esperándote afuera?

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Teresa MaldonadoJajaja esa suegra es tremenda. De perdida ama a su nuera
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