Inicio / Romance / TRAS EL DIVORCIO: RUEGA POR MI SEÑOR KINGSTON / CAPÍTULO 19 -VIAJARÁS CONMIGO A SANTORINI
CAPÍTULO 19 -VIAJARÁS CONMIGO A SANTORINI

CAPÍTULO 19 -VIAJARÁS CONMIGO A SANTORINI

—Julian, ¿sigues ahí?

—Sí... estoy aquí.

—¿Qué quieres que haga? ¿Acepto el documento?

Julian cerró los ojos.

Su mente era un caos absoluto.

—Julian, necesito una respuesta.

Abrió los ojos lentamente.

—No —dijo con voz ronca—. No aceptes nada todavía.

—¿Qué?

—Dije que no —repitió con más firmeza—. No firmes nada. No aceptes ese documento. Necesito... necesito tiempo.

—Julian, el divorcio...

—¡No me importa! —explotó—. No firmes nada hasta que yo te lo diga. ¿Entendido?

Hubo un silencio tenso del otro lado.

—Como desees.

Julian colgó.

Más tarde, ese mismo día... Chloe entró a Kingston Enterprises como un huracán. Pasó junto a la recepcionista sin siquiera mirarla, ignoró los saludos de los empleados que la reconocían y se dirigió directamente a los ascensores. Su corazón latía con fuerza y sus manos temblaban de rabia, pero su determinación era absoluta.

Por ello, cuando las puertas del ascensor se abrieron en el piso ejecutivo, caminó con pasos firmes hacia la oficina de Julian.

La secretaria intentó detenerla.

—Señora Kingston, el señor…

—No me importa —la cortó ella.

Empujó las puertas dobles y entró de golpe.

En ese momento, Julian estaba de pie junto a la ventana, hablando por teléfono, mientras Austin seguía sentado en el sofá. Ambos se giraron al escuchar la puerta abrirse de golpe, por lo que Julian colgó de inmediato.

—Chloe...

Sin embargo, ella cruzó la distancia entre ambos en tres zancadas y le estampó una bofetada que resonó en toda la oficina.

¡PAF!

Julian giró el rostro por el impacto, con la mejilla enrojecida. Ante esto, Austin se puso de pie de inmediato, pero prefirió no intervenir, así que salió.

Mientras tanto, Chloe temblaba de pies a cabeza, con los ojos llenos de lágrimas de rabia.

—¿Cómo te atreves? ¿Cómo te atreves a sabotear mi trabajo? ¿Cómo te atreves a llamar a Empresas Hayes y amenazarlos para que no me contraten?

Julian se llevó una mano a la mejilla, mirándola con una expresión que solo podía llamarse culpa.

—Chloe, yo...

—¡Cállate! —gritó ella—. ¡No quiero escuchar tus excusas! ¡No quiero escuchar tu maldita voz nunca más! Te odio, Julian Kingston. Te odio con cada fibra de mi ser. Ojalá nunca te hubiera conocido. Ojalá me hubiera casado con Andrew en lugar de contigo. Ojalá...

No pudo terminar la frase, porque él la agarró de los brazos y la jaló hacia él, dejando sus rostros a centímetros de distancia.

—No vuelvas a decir su nombre —siseó con voz peligrosamente baja—. ¡No vuelvas a decir su maldito nombre!

Chloe intentó zafarse, pero él la sostuvo con firmeza.

—¿O qué? —lo desafió con los ojos brillantes—. ¿Qué vas a hacer? ¿Destruir mi vida aún más de lo que ya lo hiciste?

Julian la miraba con una intensidad que la quemaba. Había dolor en sus ojos, había rabia, pero también había algo más; algo que ella no podía descifrar.

—Suéltame —exigió.

Pero él no lo hizo. En cambio, la acercó más.

—Chloe... yo...

—¿Qué? ¿Vas a decirme que lo sientes? ¿Que no quisiste arruinar mi única oportunidad de salir de tu sombra? Ahórratelo, Julian. No me interesa.

—No es eso...

—Entonces, ¿qué es? —Chloe lo empujó con fuerza, logrando separarse—. ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué no puedes simplemente dejarme ir? ¡NO ME AMAS!

Julian abrió la boca, pero no salió nada y ante su silencio, Chloe soltó una risa amarga.

—Eres cruel, malvado, y lo único que te importa es tener el control. Quieres verme infeliz. Quieres lastimarme porque... porque...

Se detuvo en seco, con los labios temblando y finalmente cansada.

—¿Qué te hice, Julian? ¿Por qué me odias? ¡¿Por qué?!

Julian se rompió por completo.

Austin tenía razón: llevaba demasiado tiempo luchando con sus sentimientos, ahogándose en su propia rabia, en sus celos.

Dio un paso hacia ella.

—Yo no te odio, Chloe. Yo...

Pero justo en ese momento, su teléfono sonó. Maldijo en voz baja y miró la pantalla: era Vance de nuevo.

Cerró los ojos por un segundo, respirando profundamente, antes de contestar.

—¿Qué pasa? —su voz sonaba tensa, controlada.

—Julian, ¿hablaste con Chloe? ¿Puede venir? La necesitamos, sin ella, este trato se cae.

Julian miró a Chloe, quien lo observaba con lágrimas en los ojos y rabia en cada línea de su rostro.

Tragó saliva.

—¿Irá? —preguntó Vance con urgencia.

Entonces, Julian sostuvo la mirada de Chloe.

—Sí —respondió con voz firme—. Irá.

Del otro lado, Vance soltó el aire con alivio.

—Bien. Porque este negocio es importante, Julian. Nos pondrá en la cima del mercado tecnológico. Este es el proyecto que definirá la próxima década de Kingston Enterprises.

—Más tarde me encargaré de los detalles —lo cortó Julian—. Debo colgar.

—Pero Julian, necesito que...

Colgó sin más.

Por su parte, Chloe lo miraba con total incredulidad.

—Me voy a mudar —anunció con voz fría—. Encontré un departamento. Ya no quiero estar un segundo más respirando tu aire. Me enfermas, Julian.

Sus manos se tensaron en puños.

—No tenías ningún derecho a sabotear mi trabajo. Y sé que lo hiciste por esas malditas cláusulas del contrato. Pues bien, no quiero nada. ¡Nada de ti!

Se giró para irse, pero en ese instante...

—Viajarás conmigo a Santorini.

Chloe se detuvo al escucharlo y se giró lentamente, mirándolo como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

—¿Te volviste loco?

Julian tragó saliva, con el corazón latiéndole rápido, pero decidido.

—No. El Proyecto Fénix es un hecho... pero para la firma final, el inversionista te quiere allá. Y por supuesto... irás.

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Aracely De la CruzCómo siempre mi querida Paulina, excelentes historias tuyas, simplemente quedé fascinada de principio a fin con esta historia ....mil felicitaciones, solo queda esperar que nos deleites por más capítulos 🫶
Aracely De la CruzCómo odio a Julián por la manera que usa a Chloe a su antojo y solo piensa en su empresa
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