Mundo ficciónIniciar sesiónCAPÍTULO 11- ¿QUÉ ES LO QUE ESTÁS OCULTANDO?
―¿Tanta prisa tienes por divorciarte? ¿Qué? ¿Acaso ya hay alguien más en tu vida?
Al escuchar esa acusación tan absurda, Chloe lo miró sintiendo una profunda incredulidad. Ni siquiera alcanzaba a imaginar lo despreciable y mezquino que resultaba ser ante los ojos de Julian. Comprendió con tristeza que no existía forma de comunicarse con él, porque los prejuicios que tenía en su contra eran un muro que jamás podría derribar en esta vida.
«Olvídalo. No vale la pena.»
―Si prefieres pensar eso, que así sea. Revisa qué día tienes libre en tu agenda y vamos de una vez a la corte a terminar con esto.
En cuanto Chloe aceptó la acusación sin inmutarse ni ponerse a la defensiva, la sonrisa irónica de Julian desapareció de golpe.
Se quedó helado, limitándose a observarla con una mirada fría y distante y ella al ver que él se quedaba callado sin decir nada, ella añadió con firmeza.
―No perdamos más tiempo. Tanto tú como yo... merecemos algo mejor que vivir en este matrimonio tan frío.
Dicho esto, le dio la espalda y caminó con paso cansado hacia el sofá.
Pero justo cuando iba a recostarse, Julian reaccionó de mala forma y la sujetó con fuerza de la muñeca, antes de que pudiera apartarse, la jaló bruscamente hacia atrás, obligándola a quedar frente a frente con él.
Tras recuperar el equilibrio por el tirón, Chloe levantó la vista para encararlo.
El hecho de que la hubiera tratado de esa forma la hizo enfurecer por un instante. Sin embargo, en su mente cruzó de golpe aquel viejo recuerdo en el mar, cuando él la había cargado en brazos para salvarla de morir ahogada, al insntante se recordó a sí misma que ese hombre dulce ya no existía; el que tenía enfrente era un completo extraño.
Se sacudió con fuerza para soltarse y luego se sobó la muñeca, que ya se le estaba poniendo roja por el apretón.
―¿Se te ofrece algo más o ya terminaste?
Julian se guardó las manos en los bolsillos del pantalón, desvió la mirada hacia otro lado y soltó una risa amarga y llena de frustración, luego volvió a clavar sus ojos en ella, inclinándose un poco hacia delante.
―Chloe, ¿por qué mejor no me dices... quién es el tipo? ¿De verdad hay un imbécil allá afuera con el valor suficiente para meterse con mi esposa?
Al oír eso, Chloe se quedó sin palabras.
Pensándolo bien, ¿cuántas veces no había tenido que aguantar humillaciones públicas por culpa de las amantes de él? ¿Y ahora era él quien se ponía a reclamarle?
―No eres precisamente el tipo más indicado para venir a reclamar algo así ―resplicó―. No después de todo lo que me has hecho pasar. He tenido que limpiar tus aventuras durante años.
Julian sintió el golpe seco de esas palabras en pleno pecho, pero Chloe estaba decidida a no darle tregua.
―Y si afuera... si de verdad hubiera alguien esperándome, entonces lo aceptaría sin culpas. Porque ya me cansé, Julian. Me cansé de esperar a que cambiaras, a que me vieras, a que me eligieras aunque sea una sola vez en la vida. ―Hizo una pausa breve antes de rematar―: Así que apúrate con el trámite del divorcio. De lo contrario, con tu madre vigilándote las veinticuatro horas, la presión va a terminar por volverte loco.
A pesar de ser ella la única traicionada y la que cargaba con toda la humillación a cuestas, terminaba siendo ella la que le advertía sobre los problemas.
Bien decían que el que se enamora pierde. Y ella había perdido esa batalla hacía muchísimo tiempo.
Al escucharla hablar otra vez de tramitar el divorcio, la cara de Julian se volvió de piedra. Como él no supo qué responder, Chloe tampoco insistió más; se dio la vuelta y se encaminó decidida hacia la habitación de invitados para pasar la noche allí.
Pero apenas abrió la puerta, se encontró de frente con Evelyn.
―¡Dios me asustaste! ―exclamó con sorpresa, deteniéndose en el seco.
Evelyn, sin importarle invadir la privacidad, echó un vistazo rápido hacia el interior del cuarto antes de fijar sus ojos en ella.
―Querida, dime la verdad... ¿estás discutiendo con Julian? ¿Ese sinvergüenza te está tratando mal otra vez?
Chloe forzó una pequeña sonrisa en los labios.
―No, no estamos discutiendo. Eso requeriría que nos importáramos un poco, y a esta tortura de matrimonio ya no le queda nada.
Evelyn la miró con profunda compasión, sintiendo un coraje tremendo por la terquedad de su hijo.
―Chloe, mi amor... de verdad lamento tanto que...
―Iré a la cocina por un vaso de agua, con permiso.
Pasó al lado de Evelyn sin agregar nada más. En cuanto su nuera se alejó por el pasillo, Julian despotricó con frustración.
―Mamá, ¿por qué mejor no te mudas de una vez a este cuarto? Así podrás vigilarnos las veinticuatro horas del día ―espetó Julian con fastidio―. ¿Acaso no te das cuenta de que nos incomodas?
Evelyn se acercó a él con la mirada echando chispas.
―Julian, no te pases de listo conmigo. Chloe ha tenido una paciencia infinita y ha tragado demasiado orgullo por tu culpa. ¡No seas tan malagradecido, carajos! Ella es un ser humano de carne y hueso, también siente, también sufre. La tratas con una frialdad que da asco... ¿Cómo pretendes que se sienta? ¿Qué quieres que piense la gente de ella? Si sigues de necio y terminas por ahuyentar a Chloe de tu lado, te aseguro que te vas a arrepentir el resto de tus malditos días, ¿me escuchaste? ¡El resto de tu vida!
Julian frunció el ceño con rabia, harto de que su madre se metiera en su vida privada.
―Madre, ¿cuándo vas a dejar esa manía tuya de controlar todo lo que hago? Desde el principio, el abuelo no debió ponerse terco y obligarme a...
―Te lo advierto, Julian: no quiero volver a verte ni en pintura con esa tal Vanessa Paris. Si se te ocurre volver a exponer a Chloe a una humillación pública, te juro que me encargaré de que la familia de esa mujer termine en la calle rogando limosna.
Julian la miró con los dientes apretados y los puños hechos piedra.
―¿Qué clase de brujería te hizo Chloe, mamá? ¿Por qué diablos te importa tanto que siga casado con ella? ¿Qué es lo que estás ocultando?







