Mundo ficciónIniciar sesiónCAPÍTULO 18- RENUNCIÓ A TODO
En ese momento, Chloe estaba sentada frente al escritorio de su abogado, con un bolígrafo en la mano y un documento de tres páginas frente a ella. —Firme aquí, aquí y aquí —indicó el hombre, señalando las líneas marcadas con pequeñas equis rojas. Sin vacilar, Chloe firmó. Cuando terminó, dejó el bolígrafo sobre el escritorio y miró al abogado directamente a los ojos. —¿Con esto es suficiente para que no reciba nada? El hombre la miró con desaprobación evidente, quitándose los lentes para limpiarlos con un pañuelo. —Señora Pierce, con todo respeto, está siendo un poco tonta al no querer nada de su divorcio. Tiene derecho legal a cuarenta y cinco por ciento de las acciones de Empresas Kingston, eso aseguraría... Ante eso, Chloe sonrió, pero fue una sonrisa fría, vacía. —Nada vale más que mi libertad. Acto seguido, se puso de pie y le extendió la mano. —Por favor, haga llegar ese documento al abogado del señor Kingston lo antes posible. El hombre suspiró, pero asintió y estrechó su mano. —Como usted ordene. Chloe salió del despacho con pasos firmes. Apenas acababa de cerrar la puerta cuando su teléfono vibró en su bolso. Al ver el nombre en la pantalla, su corazón dio un salto: Empresas Hayes. Sonrió de inmediato, pues era la empresa que la había contactado para el puesto; el trabajo perfecto para empezar de nuevo. Contestó sin dudarlo. —Buenas tardes, señor... —Señora Kingston —la voz del hombre sonaba incómoda—. Lamento informarle que ya contratamos a alguien más para el puesto al cual usted se había postulado. De golpe, el mundo de Chloe se detuvo. —¿Qué? —Lo siento mucho. —¿Por... por qué? —su voz salió sorprendida —. ¿Qué pasó? Pensé que... No pudo terminar la frase y del otro lado, el hombre suspiró pesadamente. —Señora Pierce, recibimos una llamada del asistente de Julian Kingston esta mañana. Nos dejó muy claro que si la contratábamos, Empresas Kingston cortaría todos los contratos con nosotros y bloquearía cualquier inversión futura. No podemos arriesgarnos a eso. Usted lo entiende, ¿verdad? En cuanto Chloe escuchó el nombre de Julian, sus manos se tensaron alrededor del teléfono al mismo tiempo que su respiración se cortó y su pecho se apretó, sintiendo como si le hubieran arrancado el aire de los pulmones. —¿Julian? —repitió. —Lo lamento profundamente, señora Pierce. De verdad espero que lo entienda, pero Empresas Kingston es una compañía con la cual no queremos pelear. Al oírlo, los ojos de Chloe se llenaron de lágrimas, junto con furias y decepciones. —Lo entiendo —logró decir—. Gracias... por informarme. Colgó antes de que él pudiera decir algo más. Así, se quedó de pie en medio del pasillo del edificio, con el teléfono aún en la mano. —¿Hasta cuándo piensas hacerme daño, Julian? —susurró con rabia y dolor mezclados—. ¿Hasta cuándo? ¿Qué demonios te hice para merecer tu odio? La impotencia y un dolor tan profundo que le partía el alma, pero sobre todo, arrepentimiento, porque lamentaba con todo su corazón haberse enamorado de él. Mientras tanto, en la oficina de Julian... Él estaba sentado detrás de su escritorio, jugando con una pelota antiestrés que apretaba y soltaba mecánicamente. Por su parte, Austin estaba recostado contra la ventana, con los brazos cruzados y una expresión seria. —Entonces, ¿le corresponde la mitad? Julian se giró en su silla. —Cuarenta y cinco por ciento —dijo con voz fría—. Al parecer eso fue idea de mi abuelo. Ella tenía que saberlo. Austin se quedó pensativo por un momento y luego soltó el aire con fuerza. —Pues yo no lo creo. Más bien pienso que ella estaba igual que tú. No sé... se veía como una chica enamorada cuando se casaron. Escuchar eso hizo que Julian apretara la pelota con tanta fuerza que casi la reventó. —Sí, claro —bufó con sarcasmo—. Te sorprendería lo bien que puede fingir. Austin se quedó mirando a su amigo con una mezcla de decepción y frustración. De repente, soltó las palabras como si fueran balas: —Julian, conozco a Chloe desde hace años y aunque no lo dijera, ella siempre te vio como la chica enamorada mira al hombre de su vida. ¿Pero sabes qué es lo peor de todo esto, Julian? Que vas a perder a tu esposa por tu maldita culpa. Por tu cobardía. —Austin... —No —su amigo lo cortó con frialdad—. Llevas tres años tratándola como basura. Tres años humillándola, ignorándola, haciéndola sentir invisible. ¿Y todo por qué? Por no tener los huevos para decirle la verdad. Y para colmo, ahora andas con Vanessa. Con esa mujer que no hace más que manipularte y usarte como su maldito salvavidas emocional. Julian apretó la mandíbula. —No sabes de lo que hablas. —Claro que lo sé —Austin soltó una risa amarga—. No entiendo por qué sigues ayudándola. Por qué no la mandas al diablo de una vez por todas. Ella no es tu responsabilidad, Julian. —No puedo —la voz de Julian salió tensa, cargada de una culpa que lo había perseguido durante años—. Le debo la vida, Austin. Sabes lo que hizo por mí. No puedo simplemente ignorarla. Su amigo lo miró con una mezcla de decepción y rabia. —¿Entonces prefieres perder a Chloe? El silencio que siguió fue pesado, asfixiante. Austin se mesó el cabello antes de clavar la mirada en su amigo. —Puedes engañar a todos los demás. Puedes fingir indiferencia, puedes esconderte detrás de tu orgullo y tus excusas. Pero a mí no me engañas. Yo sé que llevas años enamorado de Chloe y lo más patético de todo esto, es que ella nunca lo va a saber porque eres demasiado cobarde para decírselo. Julian abrió la boca para replicar, para defender lo indefendible, cuando justo en ese instante su teléfono sonó. Miró la pantalla: Octavio - Abogado. Se puso de pie y salió de la oficina, dejando a Austin con su mirada acusadora clavada en la espalda. —¿Octavio? —Julian, tenemos que hablar. Es sobre tu divorcio. Julian sintió que algo en su pecho se contraía. Apretó el teléfono con más fuerza de la necesaria, manteniendo la voz fría y controlada a pesar del caos que empezaba a formarse en su interior. —El divorcio tomará tiempo, Octavio. Ya lo sabes. Hay propiedades que dividir, activos que evaluar, eso requiere un análisis legal exhaustivo, que... —Julian... No hay exigencias. Se hizo una pausa. —Los abogados de Chloe tienen una orden firmada por ella donde estipula que renuncia formalmente a todas las propiedades, a cualquier compensación económica y a cualquier derecho. El abogado hizo otra pausa que se sintió eterna. —Ella no quiere nada de ti… renunció a todo. Solo quiere el divorcio. Julian sintió cómo el mundo se detenía a su alrededor, su mente era un caos absoluto. Había pasado horas convenciéndose de que ella solo quería su dinero. Que todo había sido una farsa. Que ella era una calculadora esperando el momento perfecto para despojarlo de todo. Y ahora... Ahora resultaba que ella no quería nada. Absolutamente nada. Solo quería irse.






