La mañana siguiente trajo un frío que me recorrió hasta los huesos, pero no por la temperatura: por la sensación de que alguien había abierto una herida y la estaba frotando con sal.
Abrí la puerta de mi edificio y, en la puerta, como una ofrenda irónica, había un solo ejemplar del diario más leído del país. Grande, en mayúsculas, como una sentencia: “LA BODA, EL FRAUDE Y LA OBSESIÓN: EL CASO QUE SACUDE AL PAÍS.”
No me detuve a pensar. Lo abrí en la vereda, entre el humo de los autos y la gente