Liana tenía la boca abierta, totalmente abierta, Bael empezaba a impacientarse porque no salía de su estupor.
Si, tenía que reconocer que la primera vez que vio el lugar su cabeza voló, pero él era semidemonio. Las cosas raras y de otro mundo eran su pan de cada día.
—Esto es…
—Si, lo sé.
—Bael, hay fuego danzando en el suelo y todos están encima de una enorme roca voladora.
—A mí me salen alas y cuernos Liana —dijo Bael con molestia—, ven, los demás te explicaran que es este lugar. Yo no tengo