—Necesito que te calmes…
—¿Calmarme? —Odette estaba histérica—. ¡¿Calmarme?! ¡He estado calmada demasiado tiempo!
Una onda de poder brotó de Odette sin que pudiera contenerla, expandiéndose por toda la casa de Seraniel como una ráfaga de viento cargada de luz. Las paredes vibraron, los objetos tintinearon y el aire se volvió denso. Su poder de serafín era inmenso, antiguo, y Odette apenas lo había usado en toda su existencia.
—Tenemos que llevar esto ante la diosa luna —Seraniel la miró con ser