—No.
El hechicero miró a todos los lados de ese callejón sin salida, con el cuerpo rígido y los hombros tensos, intentando detectar algún oyente indiscreto entre las sombras húmedas y mal iluminadas. El eco lejano de la ciudad nocturna hacía que cada ruido pareciera sospechoso.
—Vamos George, no pensé que eras una gallina —Haniel se burló, cruzándose de brazos con una sonrisa ladeada que no alcanzaba a ocultar la urgencia en sus ojos.
—Una cosa es que te ayude a hacer bromas por mucho dinero —r