—No estoy totalmente seguro de esto —Kerim se detuvo en la puerta de la casa de Bael—, diosa, esto es demasiado para mí.
—Tranquilo cariño —Bastian acaricio su espalda para estabilizarlo—, sé cuánto has anhelado su regreso y las veces que rezabas por que estuviera bien. Ahora está aquí, viva y feliz.
—Si, pero no me recuerda —Kerim se apoyó en una pared—, no recuerda nada de mí. Seré un desconocido para ella.
—Amor —Bastian tomó su mentón y lo alzó para que se vieran a los ojos—, es justo esa r