—Aun sigo molesta contigo —Liana se cruzó de brazos—, muy molesta.
—Lo sé —Auguste la atrajo para sentarla en su regazo—, te conozco lo suficiente para saber lo rabiosa que estas.
—Auguste —Liana le lanzó un manotazo cuando él empezó a meter su mano dentro de su falda—, te agarraste a golpes con un alfa ruso.
—Tenía que defender a mi amiga.
—Deniska ha dejado muy en claro que no necesita que ningún hombre la defienda —gruño Liana—, si pudo enfrentarse a los escuadrones a gritos ella sola, creo