—Hemos caminado más de una hora —se quejó Haniel abrazándose a sí mismo, frotándose los brazos para intentar recuperar algo de calor—. ¿Tal vez dos?, ya no puedo saberlo bien.
El viento helado soplaba entre los árboles desnudos, silbando entre las ramas como un lamento. La nieve crujía bajo sus botas a cada paso, y el bosque oscuro parecía interminable. Sus respiraciones salían en pequeñas nubes blancas que se perdían en el aire.
—Aún tenemos un largo camino —respondió George, temblando más fue