CAPÍTULO 60 — Luces, cámaras y verdades
El bullicio del restaurante contrastaba con la calma forzada que se había instalado en la mesa donde cenaban Alex y Estela. Era uno de esos lugares elegantes del centro de la ciudad, donde las luces cálidas y la música de piano creaban una atmósfera perfecta para las apariencias. Estela, con un vestido negro entallado y labios color vino, se veía impecable. Alex, más sobrio como siempre, la observaba con una mezcla de admiración y cautela.
— Me tienes que