CAPÍTULO 51 — Entre dos vidas
El auto avanzaba lento entre el tráfico de media mañana. Isabella sostenía el volante con ambas manos, aunque tenía la mirada perdida. No recordaba exactamente cómo había aceptado la insistencia de su madre. Quizás por cansancio, o tal vez porque ya no podía seguir esquivando la realidad.
Catalina llevaba semanas repitiendo la misma frase: “Hija, no podés dejar las cosas así, buscá un abogado, hacé las cosas bien.”
El edificio del despacho jurídico se alzaba impone