CAPÍTULO 205 — Culpas y abuelas
Gabriel Fuentes estaba de pie, apoyado contra la pared, con los ojos cerrados y los puños apretados dentro de los bolsillos de su pantalón. La imagen de Fátima tirando el café con desprecio seguía repitiéndose en su mente como una película rayada.
Sabía que había cometido un error imperdonable. Pedir la prueba de ADN mientras su hija luchaba por vivir había sido el último acto de un hombre envenenado por la duda, pero ahora, con la verdad brillando en la incubadora, ese acto se sentía como una traición sucia.
Abrió los ojos al sentir que alguien se acercaba. Era Fátima, que regresaba de la habitación de Isabella, seguramente después de verificar que su amiga siguiera durmiendo. Su rostro era una máscara de frialdad.
Gabriel se enderezó, intentando recuperar algo de dignidad.
— Fátima, por favor… —comenzó a decir, dando un paso hacia ella—. Déjame explicarte. No fue por maldad, fue por…
Fátima levantó la mano, deteniéndolo en seco.
— A mí no me tienes qu