CAPÍTULO 204 — El espejo de la herencia y la traición silenciosa
Gabriel no se había movido de su puesto de guardia frente al gran ventanal de cristal en horas. Tenía el cuerpo entumecido por la tensión y el cansancio, pero su mente estaba extrañamente alerta, funcionando con la hiperactividad de quien ha recibido demasiados golpes en muy poco tiempo.
Su teléfono vibró en el bolsillo de su saco. Gabriel lo sacó con movimientos lentos. Era su padre, Roberto Fuentes.
Suspiró antes de contestar. S