CAPÍTULO 206 — Fronteras de cristal
El sonido de la puerta de la habitación 304 cerrándose fue suave, pero marcó el final de una visita que Gabriel había temido desastrosa. Sus padres, Leonor y Roberto, salieron al pasillo con semblantes serios pero aliviados. Leonor se acercó a su hijo y le acomodó el cuello de la camisa arrugada con un gesto maternal que buscaba poner orden en el caos de Gabriel.
— La felicitamos, hijo —dijo Leonor en voz baja—. Está débil, pobrecita, pero tiene una entereza