CAPÍTULO 203 — Silencios de cristal
La enfermera la ayudó a trasladarse de la silla a la cama con movimientos expertos y suaves. Isabella hizo una mueca de dolor al sentir los puntos de la cesárea tirar, un recordatorio físico de que su cuerpo había sido abierto para dar paso a la vida antes de tiempo.
— Listo, señora Lopez —dijo la enfermera, acomodándole las almohadas y revisando el goteo del suero—. Ahora necesita dormir. Sé que su mente está allá abajo, en la incubadora, pero su cuerpo está