CAPÍTULO 201 — Sangre de mi sangre
El quirófano estaba sumido en una actividad frenética pero silenciosa, interrumpida solo por el pitido rítmico de los monitores y el sonido metálico de los instrumentos quirúrgicos. Isabella, aturdida por la anestesia y el agotamiento, sentía que flotaba en una neblina blanca. No sentía dolor, solo una presión inmensa en el abdomen, como si alguien estuviera empujando con fuerza sobre su vientre.
— Ya casi, Isabella. Respira —le decía el anestesiólogo cerca de