CAPÍTULO 193 — Agua bendita y fuego cruzado
Valentino y Camila no habían escatimado en detalles; querían que el bautismo de Fabrizio fuera un evento memorable.
Los invitados comenzaron a llegar bajo un sol de mediodía que se filtraba a través de los vitrales antiguos, pintando el suelo de piedra de colores caleidoscópicos. Había música de cuerdas suave, interpretada por un cuarteto en un rincón del atrio.
Gabriel Fuentes llegó solo.
Bajó de su auto con la mandíbula tensa y los ojos ocultos tras unas gafas de sol oscuras que se quitó al entrar en la sombra del pórtico. Vestía un traje gris perla impecable, hecho a medida, que resaltaba su figura atlética pero no lograba disimular la rigidez de sus hombros. Se sentía como un soldado entrando en territorio enemigo, aunque todos allí fueran, técnicamente, sus amigos.
Casi al mismo tiempo, Alejandro bajó del lado del conductor y abrió la puerta trasera para ayudar a bajar a Catalina, la madre de Isabella. Y luego, del otro lado, bajó ella.