CAPÍTULO 191 — La colisión de los espejos rotos
Isabella y Fátima llegaron con diezr minutos de retraso, algo calculado por Fátima para no parecer desesperadas. Isabella se alisó el vestido suelto que llevaba, una prenda de seda color esmeralda que disimulaba su estado pero realzaba su belleza natural. Se sentía nerviosa, fuera de lugar.
— Relájate —le susurró Fátima, apretándole el brazo mientras el anfitrión las guiaba hacia la mesa reservada—. Lucas es un encanto y su amigo seguro es un tipo normal. Solo vamos a comer y a reírnos.
— Eso espero —murmuró Isabella—. Si me siento mal, me voy. Esa es la regla.
El anfitrión se detuvo frente a una mesa redonda ubicada en una zona reservada, cerca de un ventanal que daba a un jardín interior. Dos hombres estaban sentados de espaldas a la entrada, charlando animadamente con copas de vino en la mano.
— Caballeros, sus invitadas han llegado —anunció el anfitrión con una sonrisa profesional.
Los dos hombres se pusieron de pie al unísono, girán