CAPÍTULO 190 — La trampa de la casualidad
Apenas unos segundos después, la puerta que conectaba con la oficina de Fátima se abrió. Su amiga y socia asomó la cabeza, escaneando el perímetro como si buscara señales de una batalla campal, pero al ver a Isabella recostada en su silla con una sonrisa tranquila, entró relajando los hombros.
— Se fue —anunció Fátima, acercándose—. ¿Cómo te fue? ¿Hubo sangre o lágrimas?
Isabella negó con la cabeza, jugando con un boceto sobre su escritorio.
— Ninguna de las dos. Fue… sanador. Estela es una mujer increíble, Fátima. A pesar de todo lo que nos unió y nos separó con Alejandro en el medio, logramos conectar. Me pidió que la siguiera vistiendo.
— ¿En serio? —Fátima se sentó en el borde del escritorio, impresionada—. Eso es madurez nivel experto. Por suerte, somos mujeres muy seguras que no dejamos que los errores de los hombres dicten nuestras amistades.
— Así es. Me siento más liviana.
Fátima la observó un momento, mordiéndose el labio inferior, d