CAPÍTULO 190 — La trampa de la casualidad
Apenas unos segundos después, la puerta que conectaba con la oficina de Fátima se abrió. Su amiga y socia asomó la cabeza, escaneando el perímetro como si buscara señales de una batalla campal, pero al ver a Isabella recostada en su silla con una sonrisa tranquila, entró relajando los hombros.
— Se fue —anunció Fátima, acercándose—. ¿Cómo te fue? ¿Hubo sangre o lágrimas?
Isabella negó con la cabeza, jugando con un boceto sobre su escritorio.
— Ninguna d