CAPÍTULO 183 — Hilos de oro y nuevos comienzos
El nuevo apartamento olía a pintura fresca, a lavanda y a esa mezcla indescriptible de esperanza y miedo que acompaña a los grandes cambios. Situado en un edificio histórico restaurado, a sólo tres cuadras de las oficinas de Fuentes Moda, el lugar era todo lo opuesto a la mansión de Las Lomas.
Isabella estaba de parada en el centro de lo que sería la sala, con una caja de cartón en los brazos, observando cómo su vida se reacomodaba en ese espacio más pequeño pero infinitamente más acogedor.
— ¡Ese sofá tiene que ir contra la pared del fondo! —gritó Valeria, entrando como un torbellino, cargando unos cojines de terciopelo ocre—. Así le dará la luz directa de la tarde y será el rincón perfecto para leer… o para amamantar.
Isabella sonrió al ver el entusiasmo de su amiga. Valeria se había tomado la misión de decorar el apartamento como si fuera su proyecto de vida.
— Val, ten cuidado con la lámpara —advirtió Fátima, quien estaba desembaland