CAPÍTULO 17 — Sonrisas con filo
Isabella admiraba la vista desde el balcón de su habitación: el mar brillaba sereno, y se sentía en paz. Gabriel apareció detrás de ella, ajustándose los puños de la camisa.
— Hoy almorzaremos con uno de los socios del hotel —le dijo, dándole un beso en el hombro—. Valentino Rossi, un viejo amigo de mi infancia. Está aquí con los suyos. ¿Te parece si los acompañamos?
Isabella giró lentamente. — ¿Los suyos? —preguntó, intentando sonar casual.
—Su madre y su novia,