CAPÍTULO 143 — Las visitas equivocadas
Isabella solo había logrado sostener la fachada de mujer fuerte durante las horas que había durado la firma del contrato. Apenas salió de la oficina de Ángel Mendoza, sintió cómo toda la energía que había reunido para ese encuentro se le escurría como agua entre los dedos. Fátima intentó animarla: insistió en que salieran a comer, que caminaran un poco por el centro, que se tomaran un helado o aunque fuera un café para cambiar el aire. Pero Isabella no ten