El lugar olía a pescado podrido, óxido y sangre vieja. Era una antigua planta de procesamiento de arenques en la zona industrial abandonada, un laberinto de cintas transportadoras oxidadas y ganchos de carne que colgaban del techo.
Aurora fue arrojada sin miramientos sobre una silla de metal en el centro de la sala principal. Kain, el híbrido monstruoso, la ató con cadenas oxidadas. —Cuidado, Kain —dijo una voz rasposa desde la oscuridad—. No la rompas todavía. El Príncipe la necesita entera para venir a buscarla.
Aurora levantó la vista, temblando de frío y terror. De las sombras emergió una mujer. Vestía pieles sucias y olía a locura. Su cara estaba marcada por cicatrices y el tiempo. Victoria Thorne.
—Tú... —Aurora intentó ser valiente, pero su voz se quebró—. Tú eres la que atacó a mi madre.
Victoria soltó una carcajada seca que sonó como cristales rotos. Se acercó a Aurora y le acarició la mejilla con un dedo sucio. —Tu madre... Ingrid. La "Pobre Ingrid".
Victoria rodeó la silla.