El lugar olía a pescado podrido, óxido y sangre vieja. Era una antigua planta de procesamiento de arenques en la zona industrial abandonada, un laberinto de cintas transportadoras oxidadas y ganchos de carne que colgaban del techo.
Aurora fue arrojada sin miramientos sobre una silla de metal en el centro de la sala principal. Kain, el híbrido monstruoso, la ató con cadenas oxidadas. —Cuidado, Kain —dijo una voz rasposa desde la oscuridad—. No la rompas todavía. El Príncipe la necesita entera pa