El desayuno posterior al juicio político había comenzado con un aire engañosamente ligero. Había torres de tortitas, jarra de café humeante y una sensación de victoria flotando en el ambiente. Pero la mente de Stella no entendía de pausas; para ella, la paz solo era el intervalo necesario para analizar la siguiente catástrofe.
Thorsten, sentado a su lado, le acercó el tarro de mermelada de arándanos, rozando deliberadamente su brazo con el suyo. —Deja de pensar tan fuerte, mi amor—murmuró él, c