Eirik dio el primer paso hacia el estrado de piedra, el sonido de su bota resonando como un martillazo en el silencio sepulcral del Gran Salón. Pero antes de que pudiera alcanzar el segundo escalón, una sombra inmensa bloqueó su camino.
Magnus se cruzó de brazos, sus músculos tensándose bajo el traje formal. —Si quieres sentarte ahí, chico, tendrás que someterme —gruñó el viejo Alfa, su voz cargada de desprecio—. El trono del Norte no se hereda con papelleo y diplomacia. Se toma con sangre.
Mik