El Salón de Cristal de Helsinki brillaba con la luz de mil lámparas de araña. La élite financiera y científica de Europa se mezclaba, bebiendo champán y murmurando sobre el revolucionario anuncio de BioTech.
Julian Thorne estaba en su elemento. Vestido con un esmoquin de terciopelo azul medianoche, sonreía, estrechaba manos y encantaba a los inversores. A su lado, Ingrid, enfundada en un vestido rojo sangre, vigilaba la sala como un perro guardián, aunque su mente maquinaba traiciones.
—Damas y