La limusina se deslizó suavemente por la entrada de la mansión. Mikael ayudó a Elena a bajar, y aunque estaban agotados por la tensión de la gala, la adrenalina del éxito los mantenía despiertos.
—Has estado increíble ahí dentro —dijo Mikael, besando la mano de su esposa mientras entraban en el vestíbulo—. La cara de Thorne cuando te vio... pagaría millones por volver a verla.
Elena sonrió, pero su mente ya estaba trabajando. —No celebres todavía, cariño. Tenemos los datos, pero ahora hay que interpretarlos. Julian estaba demasiado confiado al final.
Subieron directamente a la oficina privada de Mikael. Elena conectó su dispositivo al servidor principal y los archivos robados empezaron a desplegarse en las pantallas gigantes. Mikael sirvió dos copas (agua para ella, whisky para él) y se sentó a su lado, relajado por primera vez en días.
—Veamos qué escondes, Julian... —murmuró Elena.
Abrió la carpeta marcada como "Nivel Negro". Lo que vio la hizo soltar el vaso de agua. El cristal se