La limusina se deslizó suavemente por la entrada de la mansión. Mikael ayudó a Elena a bajar, y aunque estaban agotados por la tensión de la gala, la adrenalina del éxito los mantenía despiertos.
—Has estado increíble ahí dentro —dijo Mikael, besando la mano de su esposa mientras entraban en el vestíbulo—. La cara de Thorne cuando te vio... pagaría millones por volver a verla.
Elena sonrió, pero su mente ya estaba trabajando. —No celebres todavía, cariño. Tenemos los datos, pero ahora hay que i