Faltaban dos horas para la Gala de Invierno. En el ático de Helsinki BioTech, el aire no vibraba con anticipación festiva, sino con una violencia contenida que estaba a punto de estallar.
Ingrid estaba reclinada sobre el inmenso escritorio de cristal templado de Julian. Su vestido de gala, una pieza de seda esmeralda de valor incalculable, estaba arremangado bruscamente hasta su cintura, acumulándose como un trapo olvidado. Sus piernas, largas y pálidas, rodeaban la cintura de Julian con una fu