Mientras Thorsten descubría que la lógica no servía de nada contra el amor, Eirik estaba en el lugar más solitario del hotel: La Terraza de Cristal, un mirador al aire libre frente al lago congelado.
Era medianoche. El aniversario exacto. Eirik vestía un abrigo negro largo. El frío de -20 grados no le molestaba. Él era el frío. Miraba la aurora boreal que bailaba en el cielo, verde y violeta. —Cinco años, Aurora... —susurró al viento—. Espero que hayas encontrado la paz que yo no tengo.
Se sent