Thorsten Berg no caminaba por el vestíbulo del Aurora Glass Resort; lo patrullaba a través del espectro digital. Para él, el mundo no estaba hecho de madera y piedra, sino de variables, códigos y vulnerabilidades. Tres pantallas holográficas orbitaban su muñeca izquierda, proyectando un flujo de datos azul que solo él parecía comprender.
—Latencia en el sector siete de 0.4 segundos —murmuró, sus dedos bailando sobre el aire, reescribiendo el código de seguridad en tiempo real—. Inaceptable. Si