Las Prisiones de Hielo eran el infierno blanco. Situadas en el punto más septentrional de Noruega, eran cuevas naturales modificadas mágicamente para anular la fuerza de los lobos. No había luz. No había sonido. Solo frío y soledad eterna.
Ingrid llevaba tres semanas allí, encadenada con grilletes de plata que le quemaban la piel. Su hermoso cabello rubio estaba sucio y enmarañado, sus labios agrietados por la deshidratación.
Pero su mente no estaba rota. Estaba afilándose. «Me las pagarás, Ele